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Organización Federic de Gracia 5 min

El proceso cambió. La organización no.

Nuevo flujo de información, nuevas reuniones, nuevas responsabilidades, una herramienta que lo agilizaría todo y un PowerPoint que lo soporta todo. Y en la práctica, todo seguía igual.

Hace un tiempo nos contactó una organización —se cuenta el pecado, pero nunca el pecador— para intervenir en una situación que nos encontramos de forma bastante habitual.

Habían cambiado el proceso. Lo que representaba, más allá de la inversión económica:

  • Un nuevo flujo de información para conseguir datos más fiables.
  • Nuevas reuniones y seguimientos pautados.
  • Nuevas responsabilidades, funciones y tareas para los empleados.
  • El diseño y la implantación de una nueva herramienta que lo agilizaría todo y era la panacea.
  • Y, naturalmente, un nuevo PowerPoint que lo soporta todo.

Todo muy ordenado. Tan ordenado que casi daba pena tocarlo. Pero en la práctica todo seguía igual.

Lo que no se había movido

  • Las decisiones importantes seguían pasando por las mismas dos personas.
  • Los conflictos entre áreas seguían sin abordarse.
  • Los mandos seguían esperando permiso para actuar.
  • Las reuniones seguían siendo teatro con acta.
  • Y la gente seguía diciendo «sí, sí» con la cabeza mientras por dentro pensaba «ya veremos», y actuando exactamente igual que antes.

Ahí estaba la clave: habían cambiado el proceso, pero no habían transformado la dinámica.

Por qué esto pasa tanto

Cambiar un proceso es relativamente fácil: se dibuja, se documenta, se explica y se implanta. Suele ser caro, pero sencillo. Transformar dinámicas organizativas es otra cosa: suele ser más económico, pero infinitamente más complejo.

Porque la dinámica vive en los hábitos, los miedos, las conversaciones evitadas, las jerarquías invisibles y la forma real de tomar decisiones. Una organización puede tener procesos nuevos funcionando sobre dinámicas antiguas. Y entonces ocurre el clásico milagro corporativo:

Todo ha cambiado… para que nada cambie demasiado.


La transformación sostenible empieza cuando dejamos de preguntar solo «¿qué proceso queremos cambiar?» y nos atrevemos a preguntar: ¿qué dinámica estamos evitando tocar?