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Persona Flor Aparicio 4 min

Las conversaciones que nunca llegan a producirse

Sufrimos más por la información que nos falta que por la que recibimos. Y los vacíos, cuando nadie los llena de datos, se llenan de miedo.

En muchos procesos de transformación hay conversaciones que nunca llegan a producirse.

A veces por las prisas. Otras porque damos por hecho que «ya lo saben». Porque pensamos que no hace falta explicar una decisión. Porque creemos que hablar de las dificultades puede generar más preocupación. O, simplemente, porque queremos evitar una conversación incómoda.

Y entonces aparece un fenómeno muy humano: el vacío.

Los vacíos rara vez permanecen vacíos

Los llenamos. Con interpretaciones. Con hipótesis. Con experiencias pasadas. Con nuestros propios miedos.

  • «He debido hacer algo mal.»
  • «Seguro que vienen despidos.»
  • «Ya no cuentan conmigo.»
  • «No me lo han dicho porque no confían en mí.»

Lo curioso es que, cuando falta información, nuestra mente pocas veces construye la mejor versión de la historia. Suele construir la más amenazante.

Muchas veces la resistencia al cambio no nace de la transformación. Nace de todo aquello que las personas han tenido que imaginar porque nadie se lo explicó.

Lo que sí podemos hacer

No siempre podremos dar todas las respuestas. Pero sí podemos hacer algo mucho más valioso:

  • Explicar lo que sabemos.
  • Reconocer lo que todavía no sabemos.
  • Compartir las dificultades.
  • Aclarar expectativas.
  • Hablar del propósito.
  • Preguntar qué necesita el otro para transitar ese momento con mayor seguridad.

Una conversación no elimina toda la incertidumbre. Pero evita que la incertidumbre la rellene el miedo.


En nuestra experiencia, muchas transformaciones empiezan a desbloquearse precisamente ahí: cuando aparecen conversaciones que hasta ese momento nadie se había atrevido a tener. Ese es el tipo de conversaciones que queremos ayudar a abrir.